ESTIMAD@S LECTORAS Y LECTORES:

La Sihuehuet en su segunda edición ha querido abordar uno de los temas de mayor preocupación para las mujeres si no el único y que se expresa de diversas maneras: la violencia. En la actualidad la mayor parte de la población femenina vive sus opciones de vida en medio de guerras, discriminación, asesinatos, desempleo y/o subempleo, represión y pobreza. De nadie es ajeno ya, que la violencia de género no es un asunto privado ni local, sino un problema mundial que está poniendo en crisis a las familias y sociedades enteras.

La violencia contra las mujeres en este siglo se está incrementando en función de los temas de la globalización; por ejemplo, la migración, que se está feminizando y ha traído como consecuencia que las mujeres ahora sean más víctimas de tráfico, abuso y violencia.

Fuentes de organizaciones de apoyo a inmigrantes en EEUU y España, revelan que las mujeres inmigrantes sufren no solo la violencia de un estado persecutor sino además violencia doméstica y que muy pocas se atreven a denunciarla aunque la poco a poco aumentan las denuncias. Entre las principales causas de la reticencia a denunciar se encuentran el miedo a reportarse como indocumentadas a las autoridades e instituciones, así como el carecer de familia que las apoye y proceder de culturas donde sus derechos están poco avanzados.

De acuerdo con cifras oficiales una de cada tres mujeres en el mundo -hasta mil millones de mujeres- es víctima de violencia en algún momento de su vida: es violada, agredida físicamente, forzada a tener relaciones sexuales o a contraer matrimonio.

En este número nos detenemos a reflexionar sobre las formas de violencia contra las mujeres que han marcado mayormente este año a El Salvador, así como los avances del movimiento feminista salvadoreño y sus acciones para contrarrestar este flagelo.

La violencia contra las mujeres es una manifestación de la mala distribución del poder en las relaciones entre hombres y mujeres y por ende, estado y mujeres. La violencia se ha mantenido oculta por por falta de acceso de las mujeres a la justicia, a los medio de comunicación y una forma de contrarrestar este poder desequilibrado, LA SIHUEHUET nace con fuerza para difundir el pensamiento de mujeres que se preocupan por su condición de género y proponen soluciones y alternativas de vida.

Creemos que es importante, ya que vivimos en un mundo donde sólo 29 de 190 países contestaron en 2007, el informe anual sobre violencia contra las mujeres al secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, y donde 79 naciones que la integran aún no tienen legislación contra la violencia doméstica y en los países donde sí existe, aún no se cumple.
Investigación Coordinada por CEFEMINA (Costa Rica) y financiada por UNIFEM
Por: Morena Soledad Herrera Argueta
Ana Landa Ugarte

La violencia social: una pandemia en El Salvador

El Salvador es uno de los países latinoamericanos con la tasa de violencia social más elevada. Entre 1992 y el 2004 han muerto por homicidio dos tercios de las aproximadamente 75.000 víctimas registradas en la guerra. Así, en relación a la tasa de homicidios por 100.000 hab, nos encontramos en valores más de cinco veces superiores (54,7) a los niveles marcados por la OMS para considerar la violencia como epidemia (10 homicidios por cada100.000 hab), lo cual determina una tasa media diaria de 10 asesinatos en todo el país.

Según la Encuesta de victimización y percepción de seguridad realizada por el IUDOP en septiembre del 2004, las mujeres, a pesar de ser víctimas de los delitos en menor medida que los hombres (excepto en los de carácter sexual e intrafamiliar), manifiestan tener una menor sensación de seguridad que los hombres. Esto sin duda limita de forma importante la movilidad y las posibilidades de desarrollo de muchas mujeres salvadoreñas.

La violencia contra las mujeres por razones de género

Las mujeres enfrentan situaciones de violencia por distintas razones o causas, sobre todo en contextos caracterizados por la inseguridad ciudadana y la violencia social. Sin embargo, una enorme cantidad de hechos violentos contra las mujeres están basados en las relaciones de género, es decir en las relaciones de poder entre hombres y mujeres, en la sobrevaloración masculina y la infravaloración femenina, que otorga el permiso social a los hombres para maltratar, dominar, controlar y castigar a las mujeres.

Entendemos la violencia de género como cualquier acto de violencia basado en el hecho de la pertenencia a un sexo determinado, que tenga o pueda tener como resultado el daño físico, sexual, psicológico, o patrimonial, incluyendo las amenazas, coacciones o la privación de libertad, tanto si se produce en los espacios públicos como en la vida privada.

Femicidios: cuando la violencia contra las mujeres es letal.

Los femicidios son la expresión extrema de la violencia contra las mujeres por razones de género y resultan, con frecuencia, ser el último eslabón de una cadena de hechos violentos. Se trata de asesinatos de mujeres que tienen un carácter profundamente sexista, es decir, cuyas causas están basadas en el poder, el control, la objetivización y cosificación, la desvalorización y el dominio de los hombres sobre las mujeres. Un femicidio es el acto, de uno o varios hombres, de matar a una mujer de cualquier edad por razones de género, muchas veces resultado de un ejercicio reiterado, diverso y sistemático de la violencia.

En muchos casos se trata de homicidios que tradicionalmente se han considerado “crímenes pasionales”, socialmente “disculpados” por entenderse como actos que se realizan por “amor”. Lo que no se advierte es que han sido antecedidos por diversas manifestaciones de poder, control y violencia contra las víctimas, generalmente sin una debida protección.

En otros casos, los femicidios son cometidos a partir de la concepción y el imaginario global del poder masculino sobre las mujeres. Los cuerpos femeninos son convertidos en territorio sobre el que se desata la venganza contra hombres de su entorno próximo, con los que tienen vínculos familiares o cercanos. En otros casos, donde el motivo inmediato es la agresión y violación sexual, es la posesión y el acceso de los cuerpos femeninos en el imaginario masculino lo que lleva a que, aún sin conocimiento previo del victimario y su víctima, éste atente contra la mujer.

Esta investigación, plantea un análisis del periodo 2003-2005, como parte de un estudio regional centroamericano más amplio, tiene por objetivo aproximarnos a las características de los femicidios en El Salvador, dimensionando y poniendo de manifiesto el fenómeno y su incidencia, así como el de proponer acciones a llevar a cabo por las instituciones y el movimiento de mujeres para fortalecer la prevención de los mismos, la protección de las mujeres ante estos eventos y mejorar la acción institucional para la prevención, persecución y el castigo de estos crímenes.

Para la elaboración de la investigación, de la cual este artículo expone sólo una pequeña parte de los resultados, se realizó una recopilación de la información documental existente relacionada con el tema, tanto en las organizaciones feministas como en otras instituciones que trabajan en el área de violencia contra las mujeres. Se contactó además con las fuentes de información oficiales, tanto a nivel de entrevistas a profundidad como para recolección de datos estadísticos: Instituto de Medicina Legal, Fiscalía, la PNC y Procuraduría para los Derechos Humanos. Se realizó además un análisis periodístico de los casos de homicidios de mujeres durante el año 2003 y 2005, revisando los dos periódicos de tirada nacional Diario de Hoy y La Prensa Gráfica, vaciando la información disponible en una base de datos que recoge los principales aspectos relacionados con el hecho.

Las estadísticas


A nivel de números, las fuentes oficiales no son coherentes hasta el año 2005, donde tanto FGR como PNC e IML, a consecuencia de la presión social, crean una comisión conjunta para ajustar el número de homicidios que se reportan públicamente. La disparidad en los datos oficiales antes del 2005 es muy significativa, siendo la FGR la que indica para todos los años mayor número de casos, frente a la PNC que reporta el menor. Para el 2005 los datos entre FGR y IML son ya muy cercanos, a partir de la coordinación interinstitucional puesta en marcha. Dado que, con este ajuste, es el IML el que se ha acercado a los datos de la FGR, sería lógico pensar que son los de ésta, los datos más completos para el periodo temporal analizado. Si tomamos esta hipótesis como válida, el aumento relativo de los homicidios en el periodo sería del 5,8% -FGR- frente al 41% que reporta IML.

A nivel de desagregación por sexo también se encuentran diferencias importantes, ya que para el año 2003 la FGR presenta casi el doble de casos de homicidios de mujeres que el IML, diferencia que disminuye ligeramente para el 2004 (172) y de forma sustantiva para el 2005 (-24). Cabe destacar además que en las cifras de IML se incluyen los abortos provocados, mientras que según indicaron en la Fiscalía, este no es el caso para las cifras que ellos reportan. En el cuadro anterior se presentan los datos existentes, comparando las fuentes oficiales con los casos obtenidos a partir del análisis periodístico. Lógicamente el número en el segundo caso es sustancialmente menor, dado que la prensa no publica todos los casos de homicidios existentes, sino aquellos que considera oportuno resaltar en función de las circunstancias.

Un hallazgo importante se relaciona con el hecho de que, en el caso de las mujeres, la incidencia de homicidio agravado es mayor que en los hombres en todo el periodo analizado, con diferencias del 11% para el último año 2005.
FEMICIDIOS 2003 Y 2005, A PARTIR DE FUENTES PERIODÍSTICAS

Dada la limitación de espacio disponible, a continuación se expondrán los resultados del análisis periodístico 2003 y 2005 de los casos de homicidios de mujeres aparecidos. Antes de exponer una síntesis de los resultados cabe mencionar la frecuente imprecisión de las informaciones que se recogen en prensa: vacíos de información que caractericen el hecho, datos erróneos y no fieles a la realidad o informaciones sensacionalistas que desvirtúan la información, resultando difícil establecer porcentajes válidos de casos de femicidios en relación a los datos periodísticos. Es por ello que la síntesis que se expone a continuación no pretende ser un reflejo fiel de lo que ocurre en realidad, sino más bien intentar encontrar tendencias y factores que caracterizan el fenómeno de los femicidios en nuestro país.

Los criterios de clasificación

La identificación de femicidios a través del análisis de la información de prensa, se ha realizado a partir de la clasificación de los homicidios de mujeres. La información de prensa para el 2003 permitió ubicar 134 casos, y 202 casos en el 2005. Estos corresponden al 31% de casos reportados por la FGR en el 2003 y al 55% de los del 2005.
Los casos encontrados se clasificaron según se indica en el siguiente cuadro La información de prensa permite ubicar como femicidios el 63.4% de los casos durante el 2003 y el 45.5% el 2005. Si bien el porcentaje de femicidios respecto al total presentaría una leve disminución, en términos absolutos el número de casos ha aumentado. Si consideramos que en las primeras tres categorías se afirma, sospecha o no se descarta el hecho como femicidio, estaríamos ante el 90% de casos para el 2003 y el 84% en el 2005. Estos datos indican sin duda la magnitud y la importancia del fenómeno en nuestro país.

a) No femicidios: aquéllos casos donde claramente las motivaciones/intencionalidad y circunstancias en las que se produjo el homicidio no aparecen rasgos de las relaciones de género.

b) Sospecha de Femicidio: En estos casos, si bien existen indicios de direccionalidad del asesinato contra la mujer, es decir, que era a la víctima a quien se pretendía asesinar, la insuficiente información no permite identificar si esta existía intencionalidad de género.

c) No hay datos: Aquellos en que la información resulta absolutamente insuficiente para afirmar con mínimos niveles de propiedad si este asesinato es femicidio, si no lo es, o si existen sospechas. En relación a los expedientes judiciales analizados, estos casos representan el 10%. En tal sentido, cabe señalar que los casos clasificados bajo el indicador de “no hay datos”, no estarían descartados como femicidios.

d) Femicidios: una clasificación basada en la identificación de escenarios

La caracterización de femicidios como forma extrema de la violencia contra las mujeres por razones de género, requiere la identificación de los elementos constitutivos del hecho violento y de las causas que lo provocan. Teniendo en cuenta que las relaciones de género se expresan en los diversos ámbitos de la sociedad y en diferentes dimensiones de las relaciones entre los hombres y las mujeres, el análisis y la clasificación se han realizado en base a los escenarios en los que se presentan.

Los escenarios se han definido a partir del rasgo predominante de las relaciones de género presentes en las características y circunstancias del femicidio. Para efectos de este estudio, se han identificado diez escenarios, 1)Relaciones de pareja y/o noviazgo entre el victimario y la víctima; 2)Relaciones de Ex pareja y/o ex novio entre el victimario y la víctima; 3) Relaciones de pretendiente o acosador entre el victimario y la víctima; 4) Violencia sexual; 5) Relaciones familiares; 6) El cuerpo de la mujer como territorio sobre el que se ejerce violencia (ensañamiento); 7) Casos vinculados a las maras; 8) Casos en los que las mujeres aparecen como territorio de venganza entre hombres; 9) Asesinatos de mujeres en el hogar como espacio simbólicamente femenino; y 10) Homicidios de mujeres en contextos de comercio sexual.

Las primeras cinco categorías están determinadas por el tipo de relaciones entre la víctima y el victimario, en las otras cinco categorías estas relaciones están más determinadas por las circunstancias y formas del femicidio. Como puede verse en el cuadro anterior, el mayor número de casos de femicidios durante el 2003 se ubica en el escenario de los casos vinculados a las maras, mientras que en el 2005 son los casos donde la intencionalidad ha sido la violencia sexual. Cabe destacar que el número de casos que la prensa vincula a las maras es mayor que al que responde la clasificación que en este documento se presenta de forma específica, debido a que en el análisis se encontraron otros elementos que desde el punto de vista de las relaciones de género tienen un carácter predominante. Por ejemplo, si una mujer fue asesinada por un hombre que pertenece a las maras, pero la relación de ella con el victimario era de pareja, este caso se ha clasificado en las relaciones de pareja.

Características de los femicidios

El grupo de 16 a 20 años el más abundante, seguido del grupo de 21 a 30, es decir, los femicidios tienen lugar sobre todo en mujeres jóvenes, con un incremento de los casos de menores de 16 años entre los dos años de estudio. La casa propia, como ámbito tradicionalmente femenino, es en gran medida también un lugar peligroso para las mujeres (25,3 y 18,5% para los dos años de estudio), aunque con una tendencia a la disminución a favor de las calles y lugares públicos. En relación al tipo de arma utilizada, en los femicidios predominan casi en la misma medida las armas de fuego que las armas blancas para ambos años analizados. En varios casos además se reporta la utilización de diferentes tipos de arma, como armas de fuego y machetes, golpes y armas blancas o incluso más de dos tipos diferentes, indicando seguramente el ensañamiento con el que se explicita la violencia en el cuerpo de las mujeres, en un porcentaje creciente de los casos que recoge la prensa. Los datos relacionados con la persona victimaria son similares para los dos años analizados, siendo la pareja, bien sea esposo, amante o novio aquella que es identificada en un mayor porcentaje (17,7 y 10,9%), junto con la categoría “otro conocido”. En este caso normalmente la prensa reporta que se trataba de alguien conocido de la víctima porque salieron juntos de algún lugar, se les vio juntos o similar, aunque no se haya identificado a esta persona. En tercer lugar encontramos las personas familiares, bien sean el hijo, sobrino, padre o el hermano. En la mayoría de los casos, sin embargo el artículo no presenta elementos que puedan inducir a pensar en una relación previa entre la víctima y el victimario.


Si bien en la mayoría de los artículos de prensa no se da información relativa a evidencias de violencia sexual, en más de un tercio de los casos (31,6%) de femicidio del 2003 y el 17,4% del 2005, se reporta que la víctima fue violada. El número de cadáveres desnudos es de 21 y 16 respectivamente, aunque en el cuadro la cantidad aparece menor porque se indican únicamente aquellos casos donde el artículo no informa de otros datos de violencia sexual, más allá de la desnudez del cadáver. El número de artículos que señalan ataques sexuales es muy pequeño, existiendo únicamente 5 casos para el 2005.

En este sentido, y según señala la Procuraduría para los Derechos Humanos en su Informe sobre el fenómeno de los femicidios en El Salvador, “…en la mayoría de los casos la muerte violenta de una mujer o un niña es estadística por la causa final de la muerte, por lo que no se registra si hubo algún tipo de agresión sexual o violación antes del fallecimiento….. los delitos de violencia sexual a menudo no se descubren o se ignoran por las graves deficiencias existentes con respecto a la protección del lugar del delito y la reunión y protección de las pruebas. Con ello se denota que la falta de registros adecuados del tipo de violencia ejercida contra las mujeres y las niñas muchas veces produce que las muertes por violencia de género se reporten como homicidios comunes.”


En relación a la presencia de signos de ensañamiento con la víctima y su cuerpo, aparacen diferencias significativas entre ambos años, indicando que en el 2005 el ensañamiento con los cuerpos de las mujeres se ha recrudecido, bien de forma real, o bien porque la prensa describe con mayor detalle e intensidad morbosa estos crímenes, dado que el número de casos donde no hay datos en relación al ensañamiento al que se ha sometido a las víctimas, es mucho menor para el segundo año analizado (12% frente a 55,7%).

Durante el 2003 aparecieron diversos cuerpos decapitados y algunos mutilados, y aunque ha disminuido el número de cuerpos decapitados de mujeres encontrados para el 2005, con frecuencia se encuentran cadáveres mutilados, donde faltan diversas partes del cuerpo.

REFLEXIONES FINALES

La presión pública y la alarma social relacionada con el incremento de los homicidios en el país, ha dado lugar a que las instituciones públicas se preocupen por generar datos veraces y evitar inconsistencias e incoherencias en los mismos. Sin embargo, la cultura de “tolerancia social” ante los hechos de violencia de género contra las mujeres, en particular la violencia intrafamilar y los delitos sexuales queda reflejada en los propios instrumentos de las instituciones correspondientes para el registro de los casos de homicidio donde por ejemplo, la violencia sexual no aparece como característica a destacar.

Los femicidios existen en El Salvador, y sin duda representan un porcentaje elevado de los homicidios de mujeres que se producen, siendo estos ya de por sí un problema grave. Es necesario pues que las instituciones del Estado lo asuman como un problema real y grave, expresión última de la violencia de género contra las mujeres. En este sentido, es necesario que se sensibilicen y realicen esfuerzos sostenidos de forma colectiva y articulada para su visibilización y tratamiento. En este sentido se plantean algunas recomendaciones:

1. Que cada una de las instituciones competentes (FGR, IML y PNC) revisen sus diferentes formularios de recolección de información, que faciliten la visibilización de la violencia de género y de los femicidios desde el momento de producirse el hecho violento.

2. Es necesario que las organizaciones preocupadas por el tema, realicen incidencia en las instituciones públicas para que desagreguen todos los datos referidos a homicidios por sexo, a partir de los registros de levantamiento de información de las propias instituciones y los sistemas informáticos utilizados.

3. En el caso particular de la FGR, la desagregación de los datos según la clasificación de Homidicio Agravado que indica el Código Penal, podría facilitar la identificación de los contextos en los que se producen los asesinatos de este tipo.

4. A partir de mejorar estas vías de investigación, es necesario que el movimiento de mujeres reflexione y discuta colectivamente para consensuar el concepto de femicidio a utilizar, así como promover acciones de incidencia conjunta hacia las instituciones responsables, para que visibilicen, prevengan pero también persigan conforme los tratados internacionales establecen este tipo extremo de violencia contra las mujeres.

5. Por último resulta urgente que las instituciones públicas incorporen el concepto de femicidio, y dediquen esfuerzos a estudiar el fenómeno en nuestro país así como los contextos en los que se desarrolla, y de esta manera poder diseñar políticas, programas y acciones para la prevención y erradicación de los mismos.

Diario El Mundo, martes 07/06/05

Citado en Análisis de Convivencia y Seguridad Ciudadana El Salvador 2004.
Para poder obtener el artículo completo, solicitarlo a colectivafeminis@integra.com.sv
Artículo 129 del Código Penal, donde se valoran circunstancias de especial ensañamiento o familiares, entre otras.

Es evidente que la prensa no es la encargada de reportar todos los casos sucedidos. Cuando se presentan dos o más rasgos contemporáneamente, la clasificación se ha hecho en relación a aquel predominante.
Por: América Romualdo
Feminista Salvadoreña



Un balance del cumplimiento de los compromisos internacionales


Para iniciar esta intervención sobre las fortalezas, debilidades y desafíos en la aplicación de la normativa en materia de violencia contra la mujer, es indispensable reconocer el continuo trabajo de las organizaciones de mujeres desde lo local, nacional e internacional, esta fuerza de la mujeres organizadas a todos lo niveles en el mundo ha sido la fuente dinamizadora de la implementación de legislación y política para el desarrollo de las mujeres, reconociendo que ha sido la acción incasable y creativa de la lucha de las mujeres Salvadoreñas la que logro visibilizar y colocar en la agenda publica y política del el salvador la grave problemática de la violencia contra las mujeres en todas sus formas.

Las valoraciones en esta ponencia la centrare sobre la base a los acuerdos internacionales adquiridos por el gobierno salvadoreño, ya que considero que es oportuno hacerlo como un balance de los compromisos que el estado Salvadoreño ha adquirido en materia de derechos humanos de las mujeres y en especial de la erradicación de la violencia contra ellas.

Condenar la discriminación contra la mujer en todas sus formas y que entenderá por "discriminación contra la mujer" “toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera.”, al ratificar la Convención sobre la eliminación de todas las formas de Discriminación contra la mujer (CEDAW) y adquirió los compromisos específicos para el cumplimiento de este propósito, así, intentare hacer una valoración de los niveles de cumplimiento de dichos compromisos, centrándome en las tareas especificas en las que el estado debe involucrase, para aclaración se entiende que el compromiso es de todos los órganos del estado salvadoreño.

Al examinar los compromisos de los artículos de la CEDAW, tenemos los siguientes aspectos que considero relevantes abordar si se quiere trabajar por la erradicación de la violencia contra las mujeres, además, se debería hacer un exhaustivo trabajo de verificación de todos lo compromisos relativos a la salud, empleo, etc. para verificar si efectivamente la legislación salvadoreña logró armonizarse al espíritu de esta convención.
Antes de examinar los compromisos seleccionados, considero importante establecer que para que un estado realmente logre avances en este sentido debe comprender las dimensiones de la discriminación hacia las mujeres, reconocer su existencia y que las soluciones pasan por cambios normativos de toda índole pero siempre con la intención de hacer cambios culturales profundos, erradicando las nociones culturales de inferioridad de las mujeres.

(DAR CLICK SOBRE EL CUADRO PARA VER LOS DATOS)
El otro instrumento que es necesario analizar es la Convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer "CONVENCION DE BELEN DO PARA". en de Belem do para y los compromisos de país, fue ratificada por nuestro país en 1995, en el contexto de la cuarta conferencia sobre la mujer, que se realizó en Beijín. La Convención de Belem do Pará, es un importante aporte del derecho internacional ya que ubica la problemática del desarrollo de la mujer en uno de los aspectos que más lo han obstaculizado, la violencia sexista.


En la referida Convención se establece que “debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.” Que dicha violencia incluye la violencia física, sexual y psicológica, de las cuales establece su contenido. Reafirma las derechos fundamentales que tiene una mujer por el hecho de ser persona y además establece el “derecho a una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado”, “que incluye, entre otros:

a. el derecho de la mujer a ser libre de toda forma de discriminación, y
b. el derecho de la mujer a ser valorada y educada libre de patrones estereotipados de comportamiento y prácticas sociales y culturales basadas en conceptos de inferioridad o subordinación.”
(DAR CLICK SOBRE EL CUADRO PARA VER LOS DATOS)De las valoraciones anteriores sobre el cumplimiento de estas dos convenciones podemos concluir que se han realizado esfuerzos más sistemáticos en materia de violencia intrafamiliar, pero muy poco en otras formas de violencia contra la mujer, además han existido pocas iniciativas para cambiar aspectos culturales que favorecen la discriminación y la violencia contra las mujeres.

Por otra parte es importante destacar la existencia de una Política Nacional de la Mujer, la cual el Instituto para el desarrollo de la mujer (ISDEMU) reconoce que debe ser un instrumento para la operativización de los compromisos de los acuerdos internacionales que el país ha adquirido, y que deberían ser ante todo compromisos adquiridos con las mujeres salvadoreñas para el desarrollo y para democracia del El Salvador. Así, el ISDEMU plantea que la PNM se basa en el marco de ratificación de compromisos internacionales y en los principios del Plan Social de Gobierno de desarrollar políticas públicas que mejoren la condición de la mujer y establezcan la equidad de género en el país. Esa voluntad fue expresada por el Gobierno de la República y la Asamblea Legislativa, al crear por Decreto Legislativo No. 644 en febrero de 1996 el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) y, más concretamente, al establecer el mandato en el artículo 3 de su Ley de creación, que obliga al ISDEMU y por lo tanto al Gobierno de la República a elaborar y garantizar el cumplimiento de la Política Nacional de la Mujer.

Al examinar como todos esos compromisos internacionales se expresan en la PNM, nos encontramos que el “objetivo específico del Área de Violencia dentro de la Política Nacional de la Mujer, es prevenir y detectar el fenómeno de la violencia contra la mujer dando protección y atención a las víctimas, mediante acciones sustantivas basadas en la Normativa Internacional y Nacional vigentes, relativa a la violencia”, Del cual el ISDEMU platea que su compromiso normativo cubierto por la ley contra la violencia intrafamiliar y que la forma que previene y erradica la violencia contra las mujeres es el programa de saneamiento de las relaciones familiares, que desde su nombre nos indica el poco entendimiento de las causas e implicaciones de la violencia contra las mujeres en un país como El Salvador.

Por lo anteriormente expuesto, considero que los compromisos internacionales expresados en la política Nacional de la Mujer han sido retomados de una forma muy limitada y esta es una de las razones fundamentales de un estancamiento a todos los niveles, de acciones encaminadas a prevenir erradicar y sancionar la violencia contra las mujeres.

Subrayado de América Romualdo
Articulo 1 de la CEDAW
Art. 1 Convención de Belem do Pará
Art. 5 Convención de Belem do Pará
Art. 6 Convención de Belem do Pará
Marco histórico de la Política Nacional de la Mujer www.isdemu.gob.sv
Área de violencia de la Política Nacional de la Mujer http://www.isdemu.gob.sv/
Enfermedad, perversión, desviación o pecado, así considera la sociedad salvadoreña a las personas de elección sexual distinta a la heterosexual. Pues esto va contra los roles de género que se han establecido para mujeres y hombres, y la sexualidad de mujeres y hombres, en la cultura occidental, está ligada por la religión y las normas jurídicas (matrimonio) a la reproducción de la especie y conformación de la familia. En esta percepción negativa de las lesbianas, influye la religiosidad y el modelo de familia nuclear y heterosexual impuesta o reconocida socialmente.

El término lesbianas, surge a partir del descubrimiento de los poemas de Safo, (630-650 A.C.), que vivió exilada en la isla de Lesbos, rodeada de mujeres, con quienes tenía “contactos carnales”. A fines del siglo XVI, un francés llamado Pierre Bouerdille, señor de Brantome, recopiló poemas amorosos entre mujeres en un libro titulado: “Las Lesbianas”, en referencia a la isla donde vivió Safo. Desde entonces, la palabra se popularizó, y se llamó lesbianas a aquellas mujeres que se sentían atraídas sexualmente por personas de su mismo sexo. Recordemos que Sigmund Freud, fundador del sicoanálisis, (1856-1939), ya hablaba de una sexualidad “polivalente”, y de la bi-sexualidad para referirse a otras sexualidades. A las lesbianas en nuestro país se les dice vulgarmente: “marimachas” , para significar su ambigüedad de mujer y hombre (macho). Este desprecio es extendido a personas que no responden a los patrones de heterosexualidad. Y es que en la jerarquía sexual dominada por la heterosexualidad, las otras formas, prácticas y vivencias de la sexualidad se ven menospreciadas, sean estas bisexuales, de lesbianas, gays, transexuales, travestis, o trabajadoras/es sexuales.

Se comienza a hablar de lesbianismo de manera abierta en nuestro país con el auge del movimiento de mujeres y del feminismo en los años noventas. El encuentro centroamericano de mujeres celebrado a principios de 1992 en Montelimar, Nicaragua, fue clave, para motivar a algunas mujeres lesbianas a hacer algo para ellas mismas. En el año 1993, en el Segundo encuentro de Mujeres Salvadoreñas, en el lago de Coatepeque, se realizó un taller sobre “Lesbianismo” promovido por dos mujeres extranjeras, Clara Murigalday y Norma Vázques, al que acudieron unas 50 mujeres interesadas en el tema, la mayoría heterosexuales. En los años 92, 93 y 94, funcionó en nuestro país, un grupo de mujeres lesbianas, bisexuales y lesbianas políticas (mujeres heterosexuales que respetan y apoyan a las mujeres lesbianas), llamado “Colectiva lésbica de la media luna”, que dejó de existir por diversas razones.

La discriminación y la doble moral en nuestra sociedad funcionan, pues existen muchas mujeres y hombres gays, que están en cargos públicos, a cambio de que su identidad sexual sea ocultada o negada.


Y muchas mujeres lesbianas y hombres homosexuales, ciudadanos/as de a pie han sido obligados a renunciar de sus trabajos, aunque sean buenos en ello, cuando se conoce su identidad sexual. La mayoría de transexuales femeninas, son prácticamente obligados a prostituirse por no ser tolerados en sus trabajos con su indumentaria y su forma de ser.

En nuestro país existen muchas personas con identidad sexual distinta a la heterosexual, así tenemos: hombres homosexuales, mujeres lesbianas, y trans géneros de uno u otro sexo, que mucha veces son hostilizados y no considerados seres humanos con derechos: Entre el año 2000 y el 2004 fueron asesinados 14 travestis; alrededor de 12 trabajadoras del sexo, según la Asociación Flor de Piedra. Varios muchachos homosexuales han sido asesinados, y en el ultimo semestre, dos jóvenes lesbianas que vivían en Mejicanos fueron asesinadas. Casi todos estos asesinatos no han sido investigados y hallados los culpables, desestimando a las víctimas por la vivencia de su sexualidad. Los medios nacionales generalmente abordan de manera morbosa y ligada al escandalo los temas relacionados con la homosexualidad y el lesbianismo, y los políticos intentan sacar ventaja política de ellos, por ejemplo el intento de prohibición del matrimonio entre homosexuales y lesbianas de parte de los conservadores de la Democracia Cristiana y otros partidos..

Existe conflicto entre las lesbianas y el movimiento feminista y de mujeres, pues las organizaciones de mujeres y las feministas temen ser consideradas lesbianas, pese a esto, la organización y la lucha feminista le aportado mucho a las lesbianas para plantarse en contra de la discriminación, y al revés, las lesbianas han aportado al movimiento feminista a hacer una lectura no heterosexista de la construcción social de los géneros.
Los derechos sexuales y reproductivos en nuestro país, son poco promovidos. Los derechos sexuales no son plenamente respetados, y los reproductivos han sido menoscabados, estos últimos sufrieron un duro golpe con la reforma constitucional de 1998 y 1999 que condena el aborto por cualquier razón.
Existe una lucha internacional y nacional por los derechos sexuales y reproductivos de las personas, incluyendo la vivencia plena de la sexualidad, contenidos en manifiestos, ensayos, libros, redes y grupos organizados alrededor de la diversidad sexual y los derechos sexuales y reproductivos. Muchas lesbianas feministas como Adriane Rich, Judith Butler, Julio Soro, Ochy Curiel, Norma Mogrojevo, Monique Witting, y otras han reflexionado sobre la identidad lésbica, la discriminación y el orgullo lésbico.

Actualmente, en nuestro país existen algunos bares donde acuden gays, lesbianas y transexuales. El 28 de Junio se celebra el día del orgullo Lésbico y Gay a nivel internacional. Ese mismo día organizaciones de gays, como “Entre amigos”, “Manos amigas” y otras salen a la calle para visibilizarse. Se promueven desde algunas organizaciones de mujeres, como “Las Dignas”, charlas sobre “La diversidad sexual” y ciclos de cine “Lésbico” en el mes de junio. Pero, son pocos los espacios donde estas personas pueden ser ellas mismas y aceptadas por serlo.

En nuestro país, la reflexión y la organización de las mujeres lesbianas es incipiente, existe una colectiva de lesbianas llamada “Y yo también”, que funciona en San Salvador. Lesbianas y homosexuales, elaboraron una Proclama sobre la Diversidad sexual, la cual presentaron a la municipalidad de San Salvador para su aprobación, la que sorpresivamente fue asumida por el Concejo Municipal, dirigido por primera vez en siglos por una mujer.

A pesar de la marginaciòn, la violencia y el silencio, las voces transgresoras de las Lesbianas, resuenan ya en nuestro paìs, y prometen enriquecer la reflexiòn y la acciòn sobre derechos tan sagrados como el de la vida y la sexualidad humana.
Por: Dinora Aguiñada Deras
La existencia de los grupos de autoayuda está vinculada a los procesos de resistencia de las mujeres frente a la discriminación y la violencia que vivimos. Los primeros grupos de reflexión para compartir y desestructurar vivencias personales surgen en los Estados Unidos e Inglaterra en los años 1960. Son grupos feministas que parten de la visión que lo personal es político. Se oponen a una visión asistencialista e individualista que deposita la responsabilidad del acto violento hacia la receptora de la violencia y no hacia el que agrede. Son las feministas quienes rechazaron políticas públicas que perciben a las mujeres como víctimas, que promovían la creación de albergues, de nuevas leyes, y terapias individuales; estas políticas se enfocan en la creencia que son las mujeres las del “problema” sin reconocer ni crear políticas públicas que trastoquen las causas estructurales de la violencia y que contribuyan a la erradicación de las condiciones de opresión y subordinación en que vivimos las mujeres. En América Latina los primeros grupos de autoayuda surgen en Argentina en los años 80. En 1988 se crea el primer grupo en Costa Rica y a partir del año 2000 se desarrollan en el resto de Centro América, incluso en nuestro país.

Relaciones inequitativas de poder pilar fundamental de la violencia

Es así como los grupos de autoayuda son una propuesta política que conlleva a desestructurar las relaciones inequitativas de poder que se han construido socialmente y que por lo tanto son históricas. Se parte de que él que agrede es el único responsable de la violencia, y que la esencia del problema es el desbalance de poder entre hombres y mujeres. Por eso se vuelve necesario que las mujeres nos fortalezcamos y empoderemos a fin de recuperar el control de nuestras propias vidas.
Autoayuda: aprender a ser la protagonista de su proceso
El funcionamiento del grupo parte de reglas en la que la confidencialidad es primordial. Es facilitado por una de las participantes quien ha avanzado o ha salido del ciclo de violencia y cada participante se hace responsable de su vida y su proceso. El término de "Autoayuda" tiene que ver con la capacidad de ayudarse a si misma y de desarrollar habilidades y capacidades propias para salir del conflicto. Se trata de esfuerzos por acompañarse en los procesos que ellas mismas protagonizan, porque las mujeres que viven violencia son fuertes y capaces, “completas, adultas ciudadanas y protagonistas de nuestros propios procesos.” Evaluaciones del grupo de autoayuda de Las Dignas demuestran que uno de los aprendizajes substanciales de la participación en el grupo es que las mujeres reconozcan que ellas mismas son las principales tutoras, actoras, gestoras y administradoras de sus procesos personales, emocionales, políticos y legales.
Exclusivamente en ellas mismas está la fuerza para salir del ciclo de violencia.
Ellas son las que se van a comprometer para cambiar la realidad de violencia que vivén, hasta donde ellas se lo propongan, con el apoyo de las otras mujeres del grupo. Son ellas mismas quienes, a partir de sus experiencias y vivencias, mejor conocen la dimensión de la violencia que viven y sus soluciones. Ellas deciden salir, enfrentar y/o denunciar los hechos de violencia. Nadie, ni autoridades, ni profesionales, ni facilitadoras de grupo, pueden hacer estos cambios por ellas, nadie tiene la facultad de decidir por ellas. Este proceso es liberador y políticamente da mucha fuerza para el colectivo, porque una vez se sueltan las amarras, las ideas y los vuelos crecen y se profundizan.
Aprender sobre las dinámicas de la violencia y tomar conciencia de sus derechos
En el grupo se crean condiciones que posibiliten romper con las dinámicas de la relación que deterioran la calidad de vida de las mujeres y que ponen en peligro su propia existencia. Uno de los propósitos es que las mujeres se apropien de sus derechos, de las leyes y de procedimientos legales que están a su favor, para que identifiquen diferentes alternativas o salidas para la situación conflictiva que viven.

Otro propósito es que descubran la existencia del Ciclo de la Violencia y que se percaten de las diversas formas en que se manifiesta y ejerce la violencia. Aprenden a reconocer la duración y la intensidad del ciclo, y como se expresa en las diferentes parejas, a identificar las fases del ciclo de violencia y como ellas han vivido estas: la acumulación de tensión, explosión o episodio agudo, distanciamiento y negociación.
También aprenden a ver la violencia desde un enfoque feminista: a reconocer los diferentes prototipos, roles y atributos que los diferentes agentes socializadores asignan a los hombres y a las mujeres, y como éstos se convierten en factores de riesgo para desentrampar relaciones violentas. Aprenden a identificar y apropiarse de los sentimientos que les provocaron experiencias de violencia, a fin de descubrir lecciones sobre conductas, actitudes, sentimientos y pensamientos que les mantienen atadas al ciclo de violencia. De esta manera se crea un espacio para idear nuevas formas de pensar y actuar que les permita avanzar en la resolución de sus problemas. Además les da la pauta para recuperar las estrategias que han implementado en otras situaciones conflictivas y que les han sido útiles y les han permitido sobrevivir.


El factor económico como un impedimento para desarrollarse

Asistir al grupo les permite tomar conciencia de las desventajas a las que se enfrentan a nivel social, económico y político lo cual les hace mucho más difícil salir del ciclo de violencia y que no se trata de obstáculos personales, sino de impedimentos estructurales que les impone el sistema patriarcal a las mujeres, por lo que tienen que aliarse para vencer este impedimento.

Se dan cuenta que la posición de desventaja económica de ellas a nivel social, los hombres la aprovechan, negando la cuota alimenticia, no aportan económicamente para los gastos de sus descendientes, ni la casa. Van reconociendo que el factor económico es un arma de poder para someterlas y oprimirlas, manipularlas y situarlas a la voluntad de ellos. Además de valorar el aporte que ellas realizan con el trabajo domestico, no remunerado, a la economía del hogar y que en muchos casos se ven obligadas a desarrollar una doble o triple jornada de trabajo. Sin embargo casi nunca son propietarias ni de las viviendas, ni de los bienes que se adquieren durante la convivencia, lo cual las coloca en grave situación desventaja y dependencia. Esto constituye una de las causas principales que contribuyen a que se les dificulte salir de la relación de violencia.
Procesos únicos, procesos colectivos, procesos políticos
Las mujeres viven el grupo de autoayuda como el único lugar donde se les escucha sin que se les juzgue, ni presione o manipule para que hagan lo que no es su pretensión o interés. Saben que cuentan con este espacio que les apoya y respalda en cualquier decisión que tomen. En ese círculo están sus aliadas, con quienes tienen complicidades y se estimulan a romper una de las opresiones más indignantes dirigidas a ellas. Se convencen que únicamente juntando fuerzas pueden vencer los obstáculos diversos para erradicar la violencia.

Además el grupo es una oportunidad para tomar conciencia que los procesos personales son lentos y que cada persona tiene sus particularidades, que no hay procesos idénticos, ni semejantes. Según la historia de cada una, incluso de cómo se vive la historia política del país se toman decisiones.

En el grupo estos procesos y experiencias individuales se comparten y colectivizan para no dejar duda que se trata de un problema social que requiere de respaldo, fuerza y apoyo de otras para salir. Solamente juntas van a poder traspasar la regla de invisibilizar y de negar la violencia. Juntas se fortalecen para romper el silencio. Además de que estos procesos personales/ legales, son cuestiones políticas ellos en si mismos sitúan límites. En algunas ocasiones los límites o trabas están relacionados con la impunidad del sistema, por la invisibilidad social de la violencia contra las mujeres o por la forma y las ganas con que cada mujer asume su historia, vida y decisiones para transformarla desde ella misma, para trastocar las estructuras que el sistema patriarcal nos impone.

Procesos de fortalecimiento

El triunfo de una de las integrantes del grupo es una victoria para todas las que conforman el grupo, ya que a partir del apoyo que se brindan se ha vencido no solamente el ciclo de violencia con el agresor, sino también el sistema social, político, económico y jurídico patriarcal que justifica e invisibiliza la violencia, y revictimiza a las mujeres que viven violencia.

El grupo fortalece a las mujeres porque se lanzan a recuperar la confianza en ellas mismas; escudriñan y revaloran sus roles, conductas, actitudes como mujeres, van lentamente transformándolos para dejar de ser mujeres sumisas y calladas. Se incrementa el autoconocimiento, el auto concepto y la valía personal; más apegada a sus habilidades y fortalezas desarrolladas. Lo cual les facilita reconocer los límites personales, físicos, emocionales, y el no reponsabilizarse de los actos violentos de otros, les libera y les permite adquirir mayor fuerza y seguridad para enfrentarse no solamente a los agresores, sino también a los funcionarios/as en los diferentes procesos legales que llevan. Muchas veces las autoridades públicas a quienes les corresponde el diseño e implementación de políticas para erradicar la violencia no dan credibilidad a los argumentos que las mujeres tienen sobre las vivencias de la violencia. Por eso el esfuerzo del grupo va encaminado a fortalecerse para enfrentarse también a esas instancias públicas para que actúen conforme a lo que la ley les atribuye.
Aprender de las otras y definirse metas concretas

La posibilidad de desahogarse es un evento revitalizador para las mujeres que les permite aclarase, ubicar los apoyos externos e internos y definirse metas concretas y sobretodo no desesperarse. Una mujer testifica que: “antes yo agachaba la cabeza y lloraba no encontraba salidas” Las mujeres reconocen las experiencias de otras como posibles salidas, que les pueden dar resultado o no, descubren que no hay recetas y que cada una descubre el mejor camino para salir de la violencia.

Darse cuenta que necesitan dedicar tiempo en ellas para alcanzar sus metas es relevante, además de que la cantidad de tiempo a invertir en su proceso reeducativo está relacionado con los años que tienen de estar viviendo en el ciclo de violencia. En estos procesos no se van a dar “milagros”. Hay mujeres que se comprometen con su proceso personal y logran inician o retoman metas personales como estudiar, trabajar, viajar, atenderse su salud o establecer negocios.
A veces es difícil lograr que las mujeres tomen este tiempo. Un dilema que se presenta en el grupo es que muchas mujeres que tienen años de estar en ciclos de violencia quieren salir lo más rápido posible. Esperan salidas inmediatas y abruptas y que dependan de los esfuerzos de terceras personas. Si no logran sus expectativas se desaniman y abandonan temporalmente el grupo y regresan hasta que se encuentran en riesgo o peligro una vez más.

Sentirse apoyadas para trabajar las heridas

El grupo les permite escudriñar la historia y sentirse respaldada para compartir los secretos más dolorosos, muchas mujeres encuentran un espacio seguro para hablar sobre hechos de violencia sexual que enfrentaron en su niñez o adolescencia, ocasionados por personas que están vinculadas afectivamente, ya sea por su novio, padre o familiares cercanos. Desahogar sentimientos de dolor, frustración, enojo, indignación que genera el abuso sexual o las agresiones vividas es reparador. Además esta experiencia les enriquece y contribuye para resolver o enfrentar otros conflictos familiares, laborales incluso sociales o políticos. Los cambios en su estado de salud son reveladores, desaparecen dolores de cabeza, cuello, estomago, el miedo y desesperanza.

Esta propuesta es retomada lentamente por diferentes espacios de mujeres, los avances y logros aún quizás son invisibles para los ojos de un conglomerado social, sin embargo para la vida las mujeres que asisten a los diferentes grupos de autoayuda son avances significativos en el camino a una vida libre de violencia. Las une, articula y empuja al espacio político y público para acompañarse y presionar a las instancias públicas para que asuman la responsabilidad en la erradicación de la violencia contra las mujeres.

Bibliografia
· Grupo focal del grupo de autoyuda de Las Dignas, 25 de abril de 2003
· Grupo focal del grupo de autoyuda de Las Dignas, 23 de octubre de 2004
· Un modelo de atención en situaciones de violencia intrafamiliar, las Dignas, 2001
· Ana Carcedo, Los grupos de autoayuda. ¿Qué son? ¿Cómo hacerlos?, CEFEMINA, San José, 2005
Ana Carcedo, Los grupos de autoayuda. ¿Qué son? ¿Cómo hacerlos?, CEFEMINA, San José, 2005
Por: Gloria Guzmán

Hacer una reflexión sobre las Mujeres Saharauis, para una revista de Las Dignas en El Salvador, resulta cuando menos extraño, sobre todo porque es una realidad tan distante, no sólo geográficamente, sino en la cultura, en la vida cotidiana, en el plano religioso y espiritual, en la historia política y de conflicto armado, etc. Sin embargo no han sido pocos los momentos en que la historia reciente y vida actual de las mujeres saharauis me ha resultado sumamente familiar, y alimentado por el interés que las saharauis muestran cuando han escuchado sobre la historia política de El Salvador y de la lucha de las mujeres, no puedo menos -con un matiz testimonial- que acercar un granito de realidad saharaui a mis compañeras salvadoreñas.

Algunos antecedentes históricos para comprender el conflicto político de la sociedad saharaui.

La sociedad saharaui no vive en su propio país, vive en Tinduf, una de las zonas más áridas del desierto argelino, en situaciones climáticas extremas y en condición de refugiada. Son ya 32 años de vivir en el exilio, de transitoriedad, de espera y lucha por recuperar lo que Marruecos les ha expropiado.

El Sahara Occidental (Sahara ocupado por Marruecos) como territorio, está ubicado en el norte de África, hace frontera con Marruecos, Argelia y Mauritania; es un territorio con mucha riqueza minera y una importante cantidad de costa marítima con gran riqueza pesquera. Fue colonia española hasta mediados de los ´70. Esta década marca profundamente la vida actual de la sociedad saharaui: de un sistema de tribus, se pacta construir un sistema de organización social como un solo pueblo y con principios de igualdad; se funda el Frente POLISARIO, que es actualmente la instancia que gobierna la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en el exilio; se descoloniza de España se retira del territorio dejando vía libre a la ocupación de Marruecos y Mauritania desatándose el conflicto armado.

Las mujeres saharauis no son ajenas al conflicto político y armado desde que se inicia la guerra en 1975. Son víctimas directas de las bombas de napalm y otras armas de exterminio que utilizó Marruecos para expulsarles de su propia tierra. Algunas se integran al quehacer de la lucha política y armada mientras que la gran mayoría de mujeres inician desde cero, literalmente de la nada, la construcción de un espacio para vivir en la hammada argelina, el peor de los desiertos del norte de África. La historia reconoce que las mujeres son las que han enfrentado la sobrevivencia diaria (organización social y familiar) de una etapa que se esperaba fuese temporal. Con frecuencia se dice que el Sahara es un pueblo de mujeres con escasa presencia de hombres. Esto es bastante cierto, aunque progresivamente los hombres están ganando presencia, sobre todo desde 1991 cuando Marruecos y el Frente POLISARIO firmaron un alto al fuego bajo la tutela de NNUU instituyendo la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental, a celebrarse un año más tarde. El Referéndum nunca se celebró por las trabas impuestas por Marruecos, obligando al pueblo saharaui a seguir en un estado de indefinición y transitoriedad que va minando las fuerzas y la esperanza generación tras generación.

Las Casas de la Mujer como herramienta para el empoderamiento de las mujeres saharauis.


Las Casas de las Mujeres, como uno de los proyectos que más puentes ha creado entre mujeres de diferentes lugares, ha sido una propuesta de La Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS), la organización responsable de trabajar (entre otras cosas) por mejorar las condiciones de las mujeres, conseguir una mayor participación socio-política y el derecho a la autodeterminación como sociedad. La UNMS ha desempeñado un papel clave en los más de treinta años de su fundación; siempre se esforzó por la gestión social del refugio y en la última etapa apuesta por trabajar en las capacidades de las mujeres y su empoderamiento.

La Casa de la Mujer en la wilaya de Smara fue inaugurada en diciembre del 2006. Este acontecimiento fue y es particularmente significativo, ya que dicha wilaya es el campamento más grande de los cuatro que forman el conjunto de los campamentos saharauis en Tinduf, con una población total de 200.000 habitantes aproximadamente. Es una casa que está sirviendo como primera experiencia, susceptible de ser replicable en los otros tres campamentos, cuyas Casas están en proceso de construcción y su inauguración se tiene prevista para diciembre próximo.

Las Casas de la Mujer son un espacio que facilita el desarrollo de algunas áreas de trabajo que tiene la UNMS en su programa global. Además de ser un espacio de encuentro entre mujeres, tiene espacios de bibliotecas, de alfabetización -clases de castellano- para jóvenes y adultas, salas de exposición y venta de la producción de las cooperativas de mujeres -más de 20 grupos activos que trabajan artesanías y similares-, elaboración de revistas y programas radiofónicos, desarrollo de charlas en los barrios. El hammam o baño turco también tiene su lugar en las casas; éste no es sólo un espacio de encuentro y baño colectivo, es también un servicio público para la higiene, en un lugar donde el agua es un recurso sumamente escaso.

Preguntas obligadas para avanzar y situar desafíos…Movimiento de Solidaridad, ONG de Cooperación al Desarrollo y Mujeres Saharauis

Nuestro conocimiento sobre los conflictos armados en el mundo suele estar marcado por el poder mediático y, sobre todo, por los intereses de la administración norteamericana y la realidad en que quiere centrar nuestra atención, desviando nuestras miradas de otras realidades igualmente críticas. Aunque actualmente hay más de 30 conflictos armados en el mundo, la información de los medios focaliza casi únicamente la situación de Medio Oriente, desgarradora por cierto. Sin embargo, el conflicto del Sahara Occidental es uno más de los tantos conflictos olvidados por los principales poderes en el mundo.

El Muro minado, construido por Marruecos que divide de norte a sur al Sahara Occidental, mide 2720 km. como medida para evitar el paso del pueblo saharaui a su propio territorio, sin embargo como lo dice Galeano, este muro de la vergüenza que mide 60 veces más que lo que medía el muro de Berlín, no tiene la misma importancia política, ni mediática.

Las mujeres saharauis que están a un lado del muro, las que se quedaron en los territorios ocupados, están luchando y enfrentando fuertes niveles de represión. Un estudio de juristas españolas señaló que al menos el 30% de las mujeres saharauis en el Sahara Ocupado, han estado desparecidas por lo menos una vez en su vida. Las familias están rotas, muchas llevan 30 años sin poder encontrarse, hay centenares de personas desaparecidas y activistas por la defensa de los derechos humanos en las cárceles, hechos denunciados por Amnistía Internacional y otros organismos de solidaridad y cooperación que no reciben respuesta por parte de la comunidad internacional.

Mientras, las mujeres que viven en los campamentos argelinos enfrentan otro tipo de situación: reivindican su autodeterminación y, a la vez, intentan hacer lo más llevable posible la vida diaria del refugio. Muchas jóvenes que salieron a estudiar a Cuba, Libia, Argelia, etc. regresan al lugar del que salieron pensando que era temporal, sin embargo se encuentran con condiciones difíciles, con trabas casi insalvables para desarrollarse profesionalmente. Otras jóvenes que estudiaron niveles básicos en los mismos campamentos, también intentan buscarse un espacio de formación y de desarrollo laboral; en ese sentido, las Casas son un nicho para encontrarse y desarrollarse laboralmente.

No son pocos los desafíos que enfrentan las mujeres organizadas: ¿Cómo equilibrar sus esfuerzos en la lucha por la autodeterminación y salir del refugio, con el trabajo para el empoderamiento de las mujeres?, ¿Cómo trabajar por objetivos más estratégicos de género frente a la demanda permanente de las mujeres para que la UNMS siga cumpliendo con funciones de asistencia social?, ¿Cómo enfrentar de manera positiva los conflictos intergeneracionales que se manifiestan entre las mujeres mayores que fundaron la UNMS y resistieron desde los 70, frente a las más jóvenes con otras capacidades técnicas e intelectuales que quieren ocupar espacios importantes y tener un espacio, un lugar en la vida pública?, ¿Cómo ganar más espacios para las mujeres en puestos de decisión estratégica dentro de la RASD?...

Estas preguntas tan necesarias para las mujeres saharauis y para la sociedad en su conjunto, no son extrañas para las mujeres que hemos vivido y hecho parte de los proyectos revolucionarios de las décadas pasadas. No se trata de llegar un rato a los campamentos y pensar que pueden darse recetas, en absoluto; eso sería un buen ejercicio de irrespeto a las propias mujeres y sólo daría cuenta de una visión etnocentrista. Sin embargo, la experiencia en estos procesos, la identidad feminista y el sentido de solidaridad, puede ser muy útil cuando las mismas mujeres saharauis demandan apoyo e intercambio para trabajar en proyectos comunes. Esto es lo que personalmente he encontrado, mujeres del movimiento de solidaridad y del movimiento feminista del País Vasco, trabajadoras de áreas de igualdad de ayuntamientos e integrantes de instancias de cooperación para el desarrollo, dispuestas a apoyar inquietudes de la UNMS y a fortalecer los procesos de empoderamiento de las mujeres saharauis.

La Red Vasca de Apoyo a la UNMS, formada por las arriba mencionadas, es probablemente una de las experiencias de la tan mencionada necesidad de hacer sinergias en los procesos de acción política. El apoyo no es unidireccional, el norte apoyando al sur; la experiencia tiene más conexiones y objetivos que sería largo de contar.

La extrañeza y cercanía con la que vivo esta experiencia: mujeres de otro continente, con otro idioma, árabes, islamistas, con otras visiones de la vida, etc. no hace menos que complejizar los caminos de emancipación feminista desde esa diversidad, sobre todo en sociedades donde es difícil situar las fronteras entre la cultura, religión y política, o estar en un país sin territorio y estructuras sin recursos a los que monitorear. Existe una amplia literatura que sitúa importantes poblaciones de mujeres árabes en territorios geográficos y culturales donde más se expresa la subordinación femenina. Sin entrar a examinar este supuesto, hay cierta visión de que las saharauis son de las mujeres con mayores niveles de empoderamiento en el mundo árabe.


Su participación en el gobierno es del 11%, en el parlamento el 24% y en la representación diplomática el 7%. Podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío y valorar el bajo o importante nivel de presencia en espacios de decisión como los señalados. Lo cierto es que es admirable la capacidad de organización que han adquirido las mujeres, el uso de la palabra y dejar señalado su acuerdo o desacuerdo, etc.

El gobierno saharaui, los hombres y mujeres en particular, no tienen muchos problemas para reconocer el importante papel que las mujeres han jugado y siguen jugando en la organización de los campamentos. Las personas externas vinculadas en la solidaridad y en la cooperación para el desarrollo también reconocen el importante papel que las mujeres han tenido y siguen teniendo…entonces, el punto no está necesariamente en el reconocimiento, parece que el mayor desafío está en el plano de la redistribución de muchos aspectos, pero sobre todo de poder real y de responsabilidades que aún limitan el abrirse otros caminos de la emancipación.


Frente Popular para la Liberación de Saguía el Hamra y Rio del Oro (POLISARIO), fundado en 1973.
Significa voz de lamento, pero que hace referencia a la zona más árida del desierto
MINURSO
División territorial equivalente a provincia
Ponencia de Inés Miranda, jurista española, en el marco de la 32 Conferencia Europea de Solidaridad con el Sahara -EUCOCO 2006-.
Nancy Fraser desarrolla el concepto de reconocimiento y redistribución y propone un carácter bivalente del concepto. No pretendo aquí aplicar su propuesta aunque su análisis es sumamente útil.
*Adriana Tanese Nogueira es filósofa, analista junguiana, máster en Ciencias de la Religión (PUC/SP), formada por el Curso de Preparación para Gestación, parto, puerperio y lactancia, Curso de Extensión, Teleduc, FCM-135, Unicamp, coautora del libro de Mujeres cuentan el parto y coordinadora del la ONG Amigas del Parto.
EVA ORTIZ
Psicóloga, madre de tres hijos, uno de ellos especial. Eva Ortiz abre su poesía al mundo como una flor erótica que reclama libertad de olores, a partir del año de 1985 en la Universidad de El Salvador donde realizó sus estudios superiores. Integrante del extinto taller literario Xibalbá, participó activamente con su poesía en los movimientos de lucha social y obrera a finales de los años 80, recitando en huelgas, marchas y actos culturales en diversos lugares de San Salvador. Ha trabajado con mujeres violentadas, mujeres campesinas en asociaciones comunales y actualmente trabaja con enfermas y enfermos de SIDA. Su vida ha transcurrido entre la lucha, la lucha a largo plazo por una sociedad sin violencia y más equitativa y la lucha por diario por el sustento propio y el de su familia, viviendo largos periodos de desempleo que la obligaron a alejarse un tiempo de la poesía pública. Ahora Eva, cruza de nuevo la calle y está acá con nosotras en la Sihuehuet, para compartirnos sus escritos de mujer en resistencia.

I
La vida te quita hasta la blusa
te lleva al cuarto oscuro y frío.Tú bailas,
te mueves al ritmo
de tu tanque de oxígeno
en el fondo del cristal de la pecera.

II
Perdida esta la noche
en su maraña de estrellas.
El paso no intuye
la sombra de la huella.
La lágrima no fluye tan ligera
el tiempo transita
Sin disfraz para la cita.

CLAUDIA HERODIER

Filósofa, escritora y pintora, empedernida amante de su soledad e independencia. Claudia Herodier es descendiente de una familia de artistas y ha desarrollado en un modesto silencio una de las obras poéticas más consistentes y prolíficas de la modernidad salvadoreña. De carácter fuerte y ermitaño desde muy joven, su elevada conciencia la llevó a vivir los fragores de la lucha social desde inicios de los años 70 cantando cuando cantaba en un grupo conformado por amigos, su hermano y su primo, cuyo nombre era Mahu Cutá y del cual queda escondida alguna cinta que grabó y editó el legendario Leonardo Heredia. Posteriormente cuando la guerra estalló y hasta finales del conflicto, realizó trabajo político para el FMLN. Sus opciones de vida la llevaron paulatinamente a un distanciamiento con su familia, el cual ha sobrellevado valientemente y en compañía de sus versos sus versos y el respeto de sus pares contemporáneos. Actualmente es editora de una revista cultural en una universidad privada en San Salvador y se dedica a tiempo completo a caminar por las calles, recogiendo imágenes, cosas que las demás personas tiran por las ventanas de sus casas o automóviles, lustrando y dando valor a las palabras, de las que nadie que el mundo prescinde.

DE PIE

Yo no me vendo, historia de mi mundo.
No soy mercader de mi especie.
Sé de antemano lo que va a suceder
y aquí estoy, de pie, esperando...

LA VIUDA
No sé quién inventó
que podía ser
aperitivo;
ni tampoco quién dispuso
sobre sus capacidades digestivas,
Lo cierto es que los meseros
iban y venían
con sus delantales y sus mantas blancas
con sus azafates
y platos y vasos y copas
y hielo tintineando,
mientras la viuda
sobaba una y otra vez
su traje negro
acariciando el muerto interior
que ya para entonces
era fiesta rebosante de vapores.

…Y aquel cuchicheo
para ordenar o pedir cuentas
y aquel chocar de cubiertos
en los platos…
y luego el ya me voy
¡qué bien estuvo todo! Por favor:
felicite al o los poetas de mi parte.

PATRICIA IRAHETA
Licenciada en Letras, escritora y luchadora feminista, actualmente directora de la Asociación de Mujeres por la vida y la dignidad, Las Dignas. Paty Iraheta, como es mejor conocida entre sus amistades, es una poeta de los años 90 que desplegó desde sus inicios con una voz claramente feminista. Ha trabajado además, en colaboración con la poeta Refugio Duarte en CONCULTURA y la Red de Mujeres Escritoras de El Salvador, apoyando la difusión de la poesía femenina y su reconocimiento. Madre de un hijo al que adora, Paty ha dedicado esfuerzos extras a su labor diaria para promover la poesía de otras escritoras, muchas veces más que la suya propia y es por ello que todavía se encuentra postergado su fruto editorial. Su sororidad y calidad tanto literaria como humana, la colocan hoy en día dentro del espectro poético más representativo de la poesía femenina, como una luchadora incansable de los derechos de la mujer intra y extraliterariamente.

POEMA AL PASADO

I
He vuelto a recordar el pasado , nuestro pasado reciente
Rencoroso , tierno y apasionado.
Llueve , como las tardes que te espere y no llegaste
Llueve y quiero que la lluvia me moje, me abarque
Que con su humedad me cobije, me proteja de mis soledades, que sea mi cómplice, mí hermana.
Pero en realidad lo que quiero es que me traiga un poco del pasado,
pues quiero decirte con rencores y pasiones , tardíos, que sos ahora mi mejor compañía, la ilusión
y el deseo de sobrevivir en este mundo apasionantemente solo.

SOLA

Profundamente sola
No me falta nada, nadie.
El silencio es tan profundo,
Como mi necesidad de estar conmigo
Escucho mi voz
Mi respirar
Mi olor
Mis latidos.
Sola, la noche,
El frio
Escucho el palpitar del grillo y de mi corazón,
Respiro, no hay nadie, la nada es conmigo.
Solo yo profundamente conmigo.

¿Quién se ha robado el mes de abril?

Virginia Wolf ha llegado esta noche a mi ventana
Para recordarme que la soledad y el silencio son tan necesarias como el agua.
Quiero verme a mi misma,
mi cara,
mis pies,
mis manos,
mis senos,
toda ya en profundo sentimiento
Esta noche es un tributo a mi necesidad de ver mis ojos, de vivir lo aprendido, y contarles a los pájaros nocturnos que estoy viva, que sueño y vivo.
He descubierto mis descuidos,
He dejado abandonada las tristezas y las alegrías pasadas, los recuerdos , las nostalgias.
Ha pasado mucho tiempo, sin que sienta el placer de escribir estas líneas,
Sin que le haga un poema a esta casa, sin que inaugure el espacio para mis recuerdos, para guardar mis hazañas.
Esta noche solitaria y profunda ha venido a recordarme
Que esta aquí mi cuerpo, mi tiempo, que estoy aquí, tiernamente conmigo.

SILVIA ELENA REGALADO

Madre de cuatro hijos, hermana de muchas, hija, abuela e iniciadora de los encuentros de mujeres poetas, Silvia Elena Regalado es una madre natural de la poesía femenina en El Salvador. Licenciada y master en educación, ha forjado un magisterio cultural desde la Unidad de Cultura Roberto Armijo de la Universidad Tecnológica de El Salvador, donde se desempeña como directora desde hace más de 10 años. Actualmente es consejala de la Alcaldía de San Salvador e incansable formadora de talleres y espacios culturales donde ha brindado su mano a todas y todos los escritores que han buscado su apoyo. Silvia Elena se involucró en los movimientos sociales desde los años 70, aún y cuando ya era madre de un niño; toda su vida ha transcurrido armoniosamente entre la lucha social, sus quehaceres de mujer y madre y su curiosidad intelectual, haciendo tiempo extra para compartir con otras y otros su poesía y su vocación como editora. Su carácter amable, desprejuiciado y libre, aunados a su sonrisa permanente, hacen de Silvia Elena la mecenas del arte femenino en El Salvador y nuestra moderna Mona Lisa, por quien los años no pasan, no pesan ni agrian. En 2002 publicó y editó la Colección de Poesía Femenina “Juntas llegamos a la palabra” que reunió a 6 exponentes contemporáneas e inéditas de la poesía social, lírica y amorosa salvadoreña.

CURRICULUM VITAE

Además de poeta,
media madre,
un rato por las noches
y los fines de semana
costurera diplomada
nutricionista empírica
médica autodidacta
artesana inspirada
un poco bibliotecaria
articulista inédita
algunos estudios
en letras y sociología,
habría que agregar :hilvanadora de lunas
coleccionista de sueños
- con el respectivo costo
de lágrimas, risas
y desvelos -
es decir,
enamorada indómita
del milagro universo
del movimiento eterno
.... de la vida.

LA VIDA
A Silvia Matus

Esa tristeza rozándote sin preguntarte
el gris inexplicable
como tormenta sobre tu esperanza.

La vida es el puñal y la herida
la generosidad de millones de plaquetas
conteniendo ríos de sangre.

La piel sana y nueva bajo la llaga.

Un sueño deshecho contra el pavimento...

Navaja esperando a la vuelta de la esquina.

La vida es ese beso desangrado en las paredes
y a veces su respuesta purulenta.

Una boca oscura donde debes deslizarte a tientas
que nadie te vea hecha una luz por su frontera...

Pero la vida es también la luz y la frontera
el precipicio más alláel cielo
lo visto y lo que nunca será visto ni oído ni tocado

La música del cosmos en nuestras vísceras.

Los peces y los cantos de las aguas.

El sol para tu casa.

La frondosidad del árbol de jocote
resquebrajando suelos y paredes.

El sí que sólo irrumpe y es y crece.

La vida es la alegría de respirar profundo
el olor del segundo que se escapa.

El amor en las calles
que canta sobre sangre y podredumbre.

El dolor la vida
el dolor que te punza
para volver a unirte los pedazos.

Es el dolor llamándote a tu centro
a tu sol de vos misma
a que seas así vida de la vida
el sí que sólo irrumpe y es y crece.